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Archive for the ‘MIEDOS Y FOBIAS’ Category

Las agresiones sexuales siempre resultan traumáticas y por lo tanto difíciles de superar, el silencio no es la solución, siempre hay que pedir ayuda y denunciar.

En este artículo me voy a centrar en la violación a la mujer, si bien mucho de lo que aquí refiero puede ser válido para otro tipo de  víctimas y otros tipos de agresiones sexuales.

La superación de la agresión depende de muchos factores, entre ellos: las características de la víctima y su capacidad de afrontamiento;  su entorno, sobre todo  del apoyo que reciba de familiares y amistades; del tipo de agresión sufrida y grado de violencia; del tipo de relación existente con el agresor….

Tras una violación la mujer se siente sucia y por lo tanto puede tomar la equivocada decisión de darse una ducha intentando eliminar así todo rastro del agresor y dificultando por lo tanto la labor policial. En ese momento tan doloroso, con fuerte carga emocional, es difícil tomar decisiones, pero hay que llamar al 112 o a una amiga o familiar que acompañe en esos momentos tan duros. Urge una revisión médica y por supuesto la consiguiente denuncia.

Por lo tanto, si has sufrido una violación, por favor, pide ayuda.

Después se trata de recuperar la vida normal, anterior a la agresión, y no es algo que resulta fácil. Con frecuencia las victimas de una violación sufren estrés postraumático que implica una serie de síntomas que dificultan enormemente el retorno a la normalidad y aumentan el sufrimiento de la mujer víctima de la violación.  Este trastorno se caracteriza por recuerdos recurrentes del suceso que se pueden presentar en cualquier momento a modo de  flashback , insomnio, pesadillas, gran malestar ante personas, cosas o lugares que puedan recordar la agresión ( con la consiguiente conducta de evitación) y también incapacidad para recordar algún hecho de la agresión, miedos exagerados, irritabilidad, hipervigilacia, evitación de conductas afectivas y más si conllevan relaciones sexuales…

Como he dicho antes, el retomar la vida normal después de una violación puede resultar más o menos difícil dependiendo de muchos factores. Siempre es mejor pedir ayuda a un/a psicólogo/a, y desde luego más si se comprueba que es difícil llevar una vida normal, sin sufrimiento, y no se es capaz de mantener relaciones personales normales.

Con ayuda todo resulta más fácil. En todo caso, y para empezar, hay que desahogarse,  el silencio no ayuda, hay que contar lo que ha pasado, recibir apoyo emocional es el primer paso para salir del túnel del trauma. Hay que ir retomando, poco a poco, las actividades normales que antes resultaban placenteras, e intentar tolerar cosas, personas, lugares que puedan recordar la agresión, la evitación sólo agravará el problema.

Si todo esto no lo puedes hacer sola, pide ayuda.

El único culpable de una violación es el agresor. Pero hemos de ser prudentes y por lo tanto evitar lugares peligrosos y solitarios, sobre todo de noche. También estar pendientes de nuestras bebidas, no perderlas de vista, así evitaremos que puedan echar alguna droga en el vaso.

Tras una violación la mujer suele evitar las relaciones con hombres por miedo, pero hay que recordar que, afortunadamente, no todos los hombres son iguales y que hay hombres estupendos con los que se se puede tener una relación maravillosa. Si has sufrido una violación, recuerda que uno de esos hombres estupendo está por ahí, que está esperando conocerte y hacerte muy feliz. Sonríe por lo tanto a la vida y a tu futuro, a ése que te dará muchas alegrías creando preciosos momentos para recordar.

Si ya tienes pareja, ese hombre será tu apoyo, y junto a él conseguirás seguir adelante con tu vida. Él ha de tener paciencia, la mujer que eras puede tardar un poquito en volver, pero volverá y de nuevo tendréis una relación de pareja satisfactoria y feliz. Ánimo, recuperarás tu vida y tu sonrisa.

 

 

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File:Hermann Eschke - Stute mit Fohlen.jpg

Paseo de yegua con potra, de Hermann Eschke

Compartimos este mundo con ellos, en ocasiones los tenemos en nuestros hogares, y creo que en general no somos conscientes del beneficio que nos aportan. Los animales pueden alegrarnos en un día de esos “grises” que todos tenemos alguna vez, pueden tranquilizarnos si estamos alterados/as, y pueden activarnos y motivarnos si nuestro estado de ánimo no está pasando por su mejor momento. Pero pueden hacer mucho más, estoy hablando de la Terapia con animales. Veamos qué es esto:

“La terapia asistida con animales es una modalidad de tratamiento terapéutico en que un animal que cumple determinados criterios forma parte integral del proceso. Este tipo de terapia está dirigida por un profesional de la salud quien marca los objetivos específicos del tratamiento. Su propósito es el de fomentar la mejoría en el funcionamiento físico, social, emocional y/o cognitivo de los seres humanos. Se puede realizar en una amplia gama de contextos y puede llevarse a cabo en grupo o de forma individual. El proceso debe ser documentado y evaluado por el profesional” (Tucker, 2004).

A mí, particularmente, hay dos tipos de animales que siempre me han atraído especialmente, estoy hablando de los delfines y de los caballos. Hace tiempo que sé de las terapias con delfines, he visto más de un reportaje en el que se habla de la mejoría de niños con autismo, por ejemplo,  al entrar en contacto con estos simpáticos y cariñosos animales. Pero reconozco mi ignorancia en cuanto a la terapia con caballos. Sin embargo, la vida a veces nos da la oportunidad de ampliar nuestra mente y nuestros conocimientos y justo pone en nuestro camino a esa persona que necesitábamos, y lo hace en el momento justo. En mi vida ha aparecido un excelente profesional de la equinoterapia, un estupendo psicólogo llamado Francisco de Asís Palacios Saiz, que me ha descubierto los beneficios de la terapia con caballos, esto es, de la equinoterapia. Actualmente desarrolla su labor en el Centro Ecuestre “La Granja”, de Valladolid. Por él he sabido qué es la equinoterapia:

“La equinoterapia o equitación terapéutica es una modalidad de tratamiento bio-psico-social, que aprovecha los movimientos naturales del caballo para estimular a quienes montan, buscando el desarrollo de personas con discapacidad y necesidades especiales, con el propósito de conseguir gracias al vínculo constante con el animal, mejoras físicas y de los niveles cognitivos, de comunicación y personalidad.”

De la equinoterapia podemos beneficiarnos todas las personas, pero está especialmente dirigida a adultos y niños con problemas muy diversos, voy a mencionar sólamente algunos:

  • Alteraciones psíquicas y emocionales tales como autismo o fobias.
  • Alteraciones del comportamiento como hiperactividad.
  • Retraso en el desarrollo psicomotor.
  • Disfunciones neurológicas con alteraciones motoras.
  • Síndromes diversos, como el de Down.
  • Problemas sensoriales, visuales, auditivos y de voz….

Pongo aquí dos vídeos en los que podemos ver a Francisco de Asís realizando esta terapia en el centro que antes he mencionado. El primero de ellos es muy cortito, minuto y medio, pero suficiente para hacernos una idea del trabajo que hace este profesional. En el segundo, el de “A vivir bien”, podrás saber un poco más de su labor, él aparece a partir del minuto 44.

En cualquier caso, os animo a echar os vistazo a vuestro alrededor, a acercaros a los animales de vuestro entorno y mirarlos con atención, sentir más su presencia, tocarlos si es posible, y disfrutar de todos lo bueno que pueden ofrecernos. Escuchad y sentid el ronroneo de vuestro gato, abrazad o acariciad a vuestro perro, hablad a vuestros pajaritos, os lo agradecerán, y, si os animáis y os es posible, acercaos a un delfín o a un caballo, sentirlos puede ser algo muy especial.

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Apoteosis de la Familia Pisani de Giovanni Battista Tiepolo

Intentaré explicar la diferencia entre miedo y fobia de una forma lo más sencilla posible.  Todos tenemos miedos, pero hay que intentar valorar si ese miedo es razonable, si está justificado, o si por el contrario es un miedo innecesario del que deberíamos intentar librarnos para vivir de forma más tranquila y feliz.

Hay miedos necesarios, miedos que pueden salvarnos la vida, librarnos de llevarnos un buen susto, de una enfermedad, de un dolor, de un sufrimiento. Si tenemos miedo a ir por una calle de noche en un barrio peligroso, ese miedo puede librarnos de un atraco, una violación o incluso puede salvarnos la vida, pero si tenemos miedo a ir por cualquier calle, a cualquier hora, ese miedo, por el contrario, no nos dejará vivir, se ha convertido en fobia.  Si tenemos miedo cuando hay una situación de peligro real, una amenaza, es algo totalmente normal, ahora, si esa reacción de miedo la tenemos sin que haya amenaza alguna, o bien nuestra reacción es extremadamente intensa para el riesgo real de la situación, entonces sufrimos una fobia.

Hay fobias que pueden no resultar muy molestas, a unas personas y que sin embargo limiten de forma importante la vida de otras.  Si una persona tiene fobia a los ascensores pero vive en un ambiente rural donde nunca tendrá que coger uno, esa fobia no limitará su vida en absoluto, pero seguramente lo hará si tiene fobia a los insectos y probablemente si la tiene a las serpientes. Por el contrario, esa fobia a los ascensores limitará de forma importante la vida de una persona que viva en un medio urbano y no le supondrá ningún problema si tiene un miedo exagerado a las serpientes porque raramente se encontrará con alguna.

Siempre hay que tener en cuenta que los miedos, si no les hacemos frente, irán a más. Cuando tomemos conciencia de que nuestro miedo es exagerado, que no está justificado, que no hay un peligro real, hay que intentar superarlo haciéndole frente, exponiéndonos a esa situación que nos produce temor, poco a poco nos iremos sintiéndonos más seguros. Si la reacción que tenemos es demasiado fuerte, demasiado intensa para poder soportarla, nos limita en nuestra vida diaria y hemos comprobado que solos no podemos controlarla, sería conveniente acudir a un profesional. La vida es demasiado corta y demasiado bonita como para que los miedos nos impidan disfrutarla como nos merecemos. Afortunadamente, hay solución.

La Fuente del amor, de François Boucher

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