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Archive for 9 julio 2013

Archivo: Ivan Aivazovsky Constantinovich - Bosphorus Frozen Bajo Nieve (detalle) JPG.

“El Bósforo congelado y cubierto de nieve” de Ivan Aivazovsky

Van pasando los años y vamos cambiando. De repente echamos la mirada atrás y lo que teníamos ya no nos vale e incluso nos sorprende que nos haya valido por tantos años, hemos cambiado. Vivir significa evolucionar.

La vida es un cambio constante, las personas que vamos conociendo nos aportan conocimientos, experiencias, nos abren un mundo de posibilidades, nos traen su vida y de su mano vienen nuevas amistades, aficiones…También los trabajos, con todo lo que ello implica (por supuesto la relación con otras personas).  Todo eso nos va cambiando y lo que antes nos parecía esencial ya no nos lo parece, lo que antes nos hacía felices o nos mantenía contentos, as, ahora no consigue animarnos. Seguimos un tiempo así, dejándonos llevar por la corriente de la vida esperando algo, un cambio, que mejore nuestras vidas.

Y de repente un día algo sucede, quizá haya un detonante que marque un antes y un después, también pueden ser un cúmulo de cosas, pero aquí, en este momento, es cuando empezamos a tomar decisiones que pueden significar un cambio radical en nuestras vidas, ese cambio  que la vida parecía negarnos y que necesitábamos. Es en este momento cuando podemos decidir cambiar de ciudad o incluso de país, romper con la pareja, cortar una relación de amistad, cambiar de carrera… En un principio puede ser una crisis, pero una vez tomadas las decisiones y se comience una nueva vida todo ocupa su sitio. Porque ya no somos los/as mismos/as, porque lo que antes nos valía ya no nos vale, porque somos otras personas con diferentes aficiones, distintas formas de ver la vida, con nuevas personas que nos interesan, con nuevas inquietudes.

Tiene que ser un momento para la reflexión, para ponernos a pensar en lo que queremos en nuestras vidas y en lo que no queremos. Es el momento de decidir qué personas nos hacen bien y qué personas nos dañan, qué actividades nos hacen felices y qué otras simplemente nos quitan tiempo. Se trata de conseguir tomar las decisiones más acertadas para nuestra vida y nuestro futuro.

Todo nuevo comienzo da un poco de miedo, pero también nos trae ilusiones. No hay que tener miedo, el miedo nos paraliza y nos impide avanzar. No se trata tampoco de avanzar sin sentido, sin tener la seguridad de que el camino que hemos tomado es el que deseamos. No se trata tampoco de descartar todo lo anterior, sino de elegir con qué nos quedamos y con qué no.

Ánimo por lo tanto e ilusión, hagamos nuestro futuro, caminemos por el sendero elegido, demos la bienvenida a todas esas nuevas personas que nos hacen sentir bien, digamos adiós a las personas dañinas y a todo aquello que nos angustia en lugar de hacernos felices. Que el miedo no nos impida avanzar y mejorar nuestras vidas.

“De noche sobre el mar” de Amaldus Nielsen

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