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Archive for 21 octubre 2012

Archivo: Ferdinand Georg Waldmüller 007.jpg

“Niños” de Ferdinand Geor Waldmüller

Vivimos tiempos vertiginosos en muchos aspectos (y más hoy en día con la crisis económica), la sociedad ha ido cambiando muy deprisa y sólo nos queda irnos adaptando a los tiempos de la mejor manera posible.

Hemos vivido, y estamos viviendo, cambios positivos y negativos. Entre los positivos que hemos vivido en época relativamente reciente está la incorporación de la mujer al mundo laboral. Las mujeres desarrollaban su labor en el ámbito doméstico y casi de repente, en lo que es el transcurrir de la historia, pasaron a formar parte de un mundo que hasta ese momento había estado prohibido para ellas.

Fue algo fantástico, pero, como todo cambio, trajo muchos otros, y algunos problemas. Uno de ellos fue encontrar la manera de que los niños/as no estuviesen solos/as mientras los padres trabajaban (aún es un problema porque la conciliación de la vida laboral y familiar continúa siendo una utopía). Estaban los abuelos y fueron surgiendo las actividades extraescolares, cada vez más amplias y ya asequibles para la mayor parte de los niños (hubo un tiempo en el que los padres no podían permitirse el lujo de pagar clases extras para sus hijos y la oferta de éstas además era muy limitada).

Las actividades extraescolares parecieron ser la panacea,  pero lamentablemente nos ha surgido otro problema: niños estresados. Porque en algunos casos los niños están sobrecargados de trabajo, de actividades. Salen del  colegio y van enlazando una clase con otra, desde inglés a kárate pasando por la música.

Está muy bien hacer alguna actividad extraescolar, los niños/as se enriquecen, amplian conocimientos y sus relaciones sociales, pero también tienen que tener tiempo libre, tiempo para jugar,  para leer por gusto o ver algo de tele. Así que las actividades extraescolares, como todo, han de tener su justa medida. No es bueno que los/las niños/as tengan todas sus tardes ocupadas, generalmente ya tienen deberes para hacer, no les agobiemos con más cosas. Si quieren realizar alguna actividad extra, ¡perfecto!, pero asegurándonos de que tendrán también tiempo libre. Y, muy importante, que sea una actividad deseada y no impuesta, algo que les guste a ellos y no necesariamente a nosotros.

Por supuesto, que, con los tiempos que corren, aprender un segundo idioma es casi imprescindible, pero hagamos porque ellos lo deseen, presentémoslo como algo bonito y mostremos todas sus ventajas ( por ejemplo, relacionarse con facilidad con niños/as de otros países, con todo lo que eso les aportaría), y saber tocar un instrumento aporta múltiples beneficios, a nivel intelectual y emocional,  así que pongamos algo de música en nuestras vidas para despertar su interés y quizá se animen a estudiar música… pero sin obligar, sin presionar, ya que lo único que conseguiríamos sería que odiasen la actividad. También hay que hacer ejercicio físico (en todas las edades y según sus capacidades), pero correr y saltar es un ejercicio estupendo que se puede practicar en el patio del colegio o en el parque… salvo que ellos deseen practicar algo más.

Así que, resumiendo: Actividades extraescolares, sí, por supuesto, pero en su justa medida y que sea del gusto de los/as niños/as. Hagamos porque disfruten, no les estresemos. Los adultos tenemos que luchar en nuestro día a día por mantener el estrés a raya, no lo provoquemos en nuestros/as hijos/as, que les quede el recuerdo de una infancia feliz, es su derecho y nuestro deber.

“El pastel tentador”, de Albert Roosenboom

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