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Archive for 26 agosto 2012

File:Hermann Eschke - Stute mit Fohlen.jpg

Paseo de yegua con potra, de Hermann Eschke

Compartimos este mundo con ellos, en ocasiones los tenemos en nuestros hogares, y creo que en general no somos conscientes del beneficio que nos aportan. Los animales pueden alegrarnos en un día de esos “grises” que todos tenemos alguna vez, pueden tranquilizarnos si estamos alterados/as, y pueden activarnos y motivarnos si nuestro estado de ánimo no está pasando por su mejor momento. Pero pueden hacer mucho más, estoy hablando de la Terapia con animales. Veamos qué es esto:

“La terapia asistida con animales es una modalidad de tratamiento terapéutico en que un animal que cumple determinados criterios forma parte integral del proceso. Este tipo de terapia está dirigida por un profesional de la salud quien marca los objetivos específicos del tratamiento. Su propósito es el de fomentar la mejoría en el funcionamiento físico, social, emocional y/o cognitivo de los seres humanos. Se puede realizar en una amplia gama de contextos y puede llevarse a cabo en grupo o de forma individual. El proceso debe ser documentado y evaluado por el profesional” (Tucker, 2004).

A mí, particularmente, hay dos tipos de animales que siempre me han atraído especialmente, estoy hablando de los delfines y de los caballos. Hace tiempo que sé de las terapias con delfines, he visto más de un reportaje en el que se habla de la mejoría de niños con autismo, por ejemplo,  al entrar en contacto con estos simpáticos y cariñosos animales. Pero reconozco mi ignorancia en cuanto a la terapia con caballos. Sin embargo, la vida a veces nos da la oportunidad de ampliar nuestra mente y nuestros conocimientos y justo pone en nuestro camino a esa persona que necesitábamos, y lo hace en el momento justo. En mi vida ha aparecido un excelente profesional de la equinoterapia, un estupendo psicólogo llamado Francisco de Asís Palacios Saiz, que me ha descubierto los beneficios de la terapia con caballos, esto es, de la equinoterapia. Actualmente desarrolla su labor en el Centro Ecuestre “La Granja”, de Valladolid. Por él he sabido qué es la equinoterapia:

“La equinoterapia o equitación terapéutica es una modalidad de tratamiento bio-psico-social, que aprovecha los movimientos naturales del caballo para estimular a quienes montan, buscando el desarrollo de personas con discapacidad y necesidades especiales, con el propósito de conseguir gracias al vínculo constante con el animal, mejoras físicas y de los niveles cognitivos, de comunicación y personalidad.”

De la equinoterapia podemos beneficiarnos todas las personas, pero está especialmente dirigida a adultos y niños con problemas muy diversos, voy a mencionar sólamente algunos:

  • Alteraciones psíquicas y emocionales tales como autismo o fobias.
  • Alteraciones del comportamiento como hiperactividad.
  • Retraso en el desarrollo psicomotor.
  • Disfunciones neurológicas con alteraciones motoras.
  • Síndromes diversos, como el de Down.
  • Problemas sensoriales, visuales, auditivos y de voz….

Pongo aquí dos vídeos en los que podemos ver a Francisco de Asís realizando esta terapia en el centro que antes he mencionado. El primero de ellos es muy cortito, minuto y medio, pero suficiente para hacernos una idea del trabajo que hace este profesional. En el segundo, el de “A vivir bien”, podrás saber un poco más de su labor, él aparece a partir del minuto 44.

En cualquier caso, os animo a echar os vistazo a vuestro alrededor, a acercaros a los animales de vuestro entorno y mirarlos con atención, sentir más su presencia, tocarlos si es posible, y disfrutar de todos lo bueno que pueden ofrecernos. Escuchad y sentid el ronroneo de vuestro gato, abrazad o acariciad a vuestro perro, hablad a vuestros pajaritos, os lo agradecerán, y, si os animáis y os es posible, acercaos a un delfín o a un caballo, sentirlos puede ser algo muy especial.

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File:Johann Heinrich Füssli 062.jpg

 Las Damas de Hastings, de Johann Heinrich Füssli

Zorro-zorra, aventurero-aventurera, fulano-fulana, sargento-sargenta, verdulero-verdulera, hombre de la vida-mujer de la vida, atrevido-atrevida,  hombre público-mujer pública… ¿Por qué tienen  diferente significado en femenino que en masculino? ¿no debería ser el mismo?

Reconozco que hasta que no me puse a estudiar un poquito la Ley de Igualdad   no me di cuenta de las diferencias de trato al hombre y a la mujer en el uso de nuestra Lengua (y en todo en general), tomando conciencia también de que nuestra querida Lengua española, reconozcámoslo, es machista. A ver si entre todos/as vamos cambiando esto.

Cuado tomé conciencia de estas diferencias me sorprendió no haberlo hecho antes, ¿cómo era posible?, pero supongo que tantos años escuchando (y hablando) un lenguaje sexista y recibiendo una educación machista habían conseguido que viese ciertas cosas como algo natural, no siéndolo. En mi día a día estoy procurado corregirme y sería estupendo que  todos/as hiciésemos lo mismo. Personas, mujeres y hombres en igualdad de condiciones, con los mismos derechos y deberes, ni más ni menos.

Me molesta seguir viendo a las mujeres anunciando la mayor parte de los anuncios de detergentes (hay algunas estupendas excepciones) y también me molesta verlas protagonizando la mayor parte de los anuncios  dedicados a la estética. No sé si la gente del mundo de la publicidad sólo ven dos tipos de mujeres: las que no hacen otra cosa que lavar la ropa, siendo ésta su mayor preocupación, y las que están obsesionadas con su cuerpo. Me parece preocupante y casi indignante a estas alturas, las mujeres somos mucho más.

No voy de feminista radical porque no lo soy. No me ofende que me regalen flores (digo esto por una intervención de una feminista que tuve ocasión de ver en la televisión hace unos años), ni me molesta que me abran la puerta para dejarme pasar, pero creo que en casa las tareas del hogar han de estar repartidas, y, en todo caso, que haga más quien más tiempo tenga. Sigo sin entender el porqué, haciendo el mismo trabajo, una mujer cobra, en muchas ocasiones, menos que un hombre. Afortunadamente las cosas están cambiando y ya hay hombres que se encargan de la mayor parte de las tareas del hogar, asumiéndolo como algo natural, porque lo es,  y espero que en pocos años ya no haya discriminación en el trabajo, ni en salario ni en ningún otro aspecto.

Creo, por lo tanto, claramente en la igualdad, es un derecho, ¿pero por qué no potenciar las diferencias?, ¿por qué no disfrutarlas?. Mujeres y hombres tenemos características positivas que nos son propias, ¿por qué despreciarlas? Y no creo que, por una igualdad mal entendida, las mujeres tenemos que “igualarnos” a los hombres a la hora de utilizar los tacos, por ejemplo, ¿de verdad es necesario decir uno en cada frase? Quizá éste sea un buen ejemplo de que la “igualdad” debería haberse dado en el sentido contrario, esto es, que los hombres hablaran más correctamente (hablo en general, que me perdonen muchos hombres que saben que las palabrotas, juramentos  y demás son prescindibles en una conversación normal, cuando no hay enfado ni causa que los pudiera justificar).

Tampoco creo que tengamos que igualarnos en ciertas actitudes que nunca me han gustado. He tenido más de una jefa que, además de abusar de los tacos, consideraban que tenían que adoptar una actitud autoritaria, dar golpes en la mesa y alzar la voz para hacerse respetar. Lamento tener que decir, que, a día de hoy, si me dan a elegir, y sin conocer a la persona, prefiero un jefe a una jefa. Todavía está por la primera vez que a mí un jefe me diga algo así: “no tienes derecho a llevar a tus hijos al médico”. Esta “bonita” frase me la dijo en una ocasión una jefa a la que tuve la mala suerte de conocer. En ese momento entendí por qué las compañeras me habían dicho que a los hijos había que mandarlos al médico por “Seur”. Siempre he pensado, además, que a esta jefa jamás se le ocurrió decirle lo mismo a un hombre, dando por hecho que sólo las mujeres somos las encargadas de llevar a los hijos al médico (esto lo suelen pensar muchos hombres también). Antes y después de este desagradable encuentro he tenido la suerte de tener jefas estupendas, pero en demasiadas ocasiones me he encontrado con el caso contrario.  Quiero creer que aquí pasará como con la época del destape tras años de represión, y que pasado un tiempo las mujeres, todas, sepan ser jefas sin necesidad de perder los buenos modales, el respeto, y la consideración a los demás.

Las mujeres tenemos fama, y creo que merecida, de que sabemos solucionar los problemas hablando, y de que sabemos negociar de manera eficaz (hablo en general, por supuesto). Potenciemos estas cualidades que nos son propias, y que los hombres procuren aprenderlas si es que no tienen la suerte de nacer con ellas. Dejemos de adoptar actitudes supuestamente masculinas que son negativas y totalmente innecesarias.

Resumiendo, quiero y necesito igualdad de trato con un hombre, igualdad de derechos y deberes, pero ni quiero ni necesito adoptar actitudes negativas de muchos hombres (afortunadamente no todos), ni quiero ni necesito volverme una persona agresiva para hacerme respetar. Quiero igualdad de trato con el hombre, pero no quiero ser hombre porque me encanta ser mujer y por lo tanto intentaré potenciar lo que de positivo, como mujer, tengo “de serie” e intentaré copiar actitudes positivas que veo en muchos hombres. Me gustaría tener sus habilidades (suelen ser mejores en visión espacial, por ejemplo), pero me encanta tener las que me son propias. Sé que si tengo un problema y sólo quiero desahogarme, tengo que llamar a una amiga, pero si lo que busco es una solución, una vez ya desahogada con la amiga, he de llamar también al amigo. Mi amigo no entenderá, generalmente, que sólo le llame para desahogarme, porque necesito hablar. Mi amigo pensará que le estoy pidiendo ayuda y sus neuronas empezarán a echar humo buscando la manera de encontrar la solución, ¡pero si yo sólo quiero hablar! Ahora, si quiero una solución, ahí estará él, también estará ella, por supuesto, pero sé que de primeras, al igual que hago yo, tendré su apoyo emocional, y en ello se centrará porque sabe que, para empezar, es lo que necesito, y a veces es lo único que necesito.

Desde aquí mi abrazo y la mejor de mis sonrisas a todos esos hombres maravillosos que he tenido la suerte de conocer a lo largo de mi vida, y que me han hecho la vida más fácil y más bonita. Y desde aquí, por supuesto, mi abrazo y la mejor de mis sonrisas para las estupendas mujeres que me han acompañado en mi viaje por la vida, acogiéndome y escuchándome en los momentos de crisis. Con ambos, hombres y mujeres, mujeres y hombres, he compartido cosas buenas y malas, lágrimas y risas, y espero seguir haciéndolo por muchos, muchos años.

File:El beso(Gustav Klimt) .jpg

El Beso, de Gustav Klimt

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