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Archive for 16 junio 2012

Niño pelirrojo

Pues mucho me temo que en un principio es inevitable. Los hijos no quieren que sus padres se separen. Quieren y necesitan seguridad, su vida se viene abajo ante una separación. Ahora bien, mejor una separación que hacerles testigos y a veces partícipes de violentas discusiones.

Ante una separación o divorcio con hijos, el bienestar de éstos ha de ser prioritario. A veces es difícil porque el dolor (sobre todo cuando la separación sólo es deseada por un miembro de la pareja) puede impedir que hagamos lo correcto, lo mejor para los hijos.

En demasiadas ocasiones el deseo de venganza, de hacer sufrir a quien ha sido nuestra pareja, hace que el mayor sufrimiento sea para los hijos. El descalificar al otro, el mentir sobre lo que ha hecho o hace, el intentar convencer a la hija o al hijo de que el otro progenitor no les quiere, el impedir las visitas, o poner malas caras tras ellas (en un intento de chantaje emocional), provoca un gran dolor en los niños y en ocasiones serios problemas de comportamiento.

Se ha de hacer un esfuerzo, guardar el sufrimiento y el deseo de “devolver la pelota” y pensar en los hijos. La pareja ha podido ser pésima para nosotros, pero un buen padre o una buena madre. Los hijos necesitan de ambos, de su afecto, su compañía, su apoyo y su comprensión. Privarles de un progenitor es hacerles un daño que les puede marcar para toda la vida.

El niño o la niña han de tener claro que los padres se divorcian el uno del otro, pero no de ellos. Han de sentirse lo más seguros y protegidos que sea posible por sus padres, por ambos, y han de saber que pueden hablar con libertad del padre ante la madre y viceversa. Son muchos los hijos que viven con temor el momento de volver a casa del padre o de la madre tras haber estado con el otro progenitor. En ocasiones por el bombardeo de preguntas que les esperan y en otros casos por el extremo opuesto, esto es, no pueden contar nada, como si el otro progenitor no existiese.

Reflexionemos sobre ello, aprendamos a divorciarnos sin provocar mayor daño a los hijos que el inevitable ante una separación. Hagamos que sigan respetando y queriendo a quien ha sido nuestra pareja. Nuestros hijos nos lo agradecerán en el futuro, y su tranquilidad y felicidad será también la nuestra.


Dos pequeñas amigas. Benjamin Gimmel

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