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Archive for 31 enero 2011

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Niña pelirroja leyendo-Lilla Cabot Perry

La timidez es una característica de la personalidad que limita, en mayor o menor medida, el normal desarrollo en sociedad. La persona tímida se siente cohibida a la hora de relacionarse con otras personas, quiere pasar desapercibida, no llamar la atención, que no se fijen en ella.

En clase, el niño tímido nunca pregunta, prefiere quedarse con la duda, seguir en la ignorancia antes de levantar la mano y provocar que todas las miradas se fijen en él.

Se sigue discutiendo en cuanto a si la timidez es un rasgo o un estado de la personalidad. El rasgo implicaría una continuidad en el tiempo y una generalidad mayor en cuanto a situaciones en las que se manifiesta. Si hablamos de timidez en cuanto a estado estaríamos hablando de algo transitorio, más limitado en tiempo y en situaciones a manifestarse.

¿Una persona nace o se hace tímida?, creo que como en todas las manifestaciones conductuales hay una multicasualidad, esto es, la timidez es el resultado de una predisposición natural del individuo y la influencia del ambiente en el que se desarrolle, es decir, de una interacción entre ambos. Si una persona nace con una tendencia a la timidez y se tiene que desenvolver, por ejemplo, en un ambiente familiar excesivamente protector o por el contrario excesivamente autoritario, y cuando se relaciona con sus iguales,en el colegio sus primeras experiencias son negativas, muy probablemente ese niño o esa niña desarrollarán la timidez para la que estaban condicionados.

Pero la timidez se puede vencer, poco a poco, con un esfuerzo diario, aprendiendo y practicando. Fundamental: No hay que huir de las situaciones que producen temor o incomodan, por el contrario, hay que enfrentarse a ellas. Yo recomiendo hacerlo poco a poco. Se trata de elevar un poco más la voz a la hora de pedir un café si observamos que no nos atienden (el camarero no es que nos ignore, simplemente no nos oye), de entrar con la mejor de nuestras sonrisas en una tienda a comprar cualquier cosa, de preguntar en clase si algo no entendemos (todo el mundo tiene dudas, para aprender hay que preguntar), de reclamar si no obtenemos un buen servicio… Son muchas las situaciones que nos pueden provocar temor, algunas nos pueden surgir en un mismo día, bueno, calma, poco a poco, hoy quizá podamos abordar una y mañana la otra, pero hay que hacerles frente.

La persona tímida suele tener su autoestima dañada, se siente incapaz de hacer cosas que otras personas hacen con normalidad, puede sentirse por ello inferior a los demás. Pero no lo es, simplemente tiene unas conductas por mejorar (las otras personas tendrán otras). Hay que tener presente que todos somos diferentes y todos, absolutamente todos, tenemos nuestras limitaciones.

Solemos evitar las situaciones que producen temor porque pensamos que no vamos a poder resolverlas, imaginamos un montón de cosas, todas negativas y no actuamos. Es un error. Esas situaciones evitadas crecerán en grado y en número y la timidez irá a más, corriendo el riesgo de desembocar en fobia social que aún limitaría más nuestra vida.

Hay que ser valientes y empezar a hacer cosas que nos producen temor, ésas que procuramos evitar. Empezaremos a afrontar las que nos den menos miedo, ésas que sentimos tenemos más probabilidades de realizar medianamente a nuestra satisfacción. Estaría bien para empezar bajar nuestro nivel de exigencia. Las personas tímidas suelen ser muy exigentes consigo mismas, con su comportamiento. No pasa nada por cometer un error, todo el mundo se equivoca, si no nos sale bien el intento a la primera, saldrá mejor a la segunda porque ya tenemos más práctica, y si no a la tercera, pero no tenemos que dejarnos vencer. Iremos teniendo éxito y poco a poco seremos capaces de enfrentarnos a más situaciones y más difíciles para nosotros, iremos ganando en seguridad y eficacia, consiguiendo finalmente poder desenvolvernos con total normalidad y cada vez con menos esfuerzo.

Siempre es conveniente hacer ejercicios de relajación de forma habitual y sobre todo antes de enfrentarnos a cualquier situación que nos produzca temor. En ocasiones unas cuantas respiraciones profundas pueden ser suficientes, se trata de respirar profunda y lentamente por la nariz y soltar el aire, muy despacio, por la boca, notaremos cómo nuestro corazón va latiendo más despacio y eso nos irá tranquilizando.

No hay que anticipar acontecimientos, desde luego no hay que pensar en que todo va a salir mal, pero tampoco vamos a dar el éxito por garantizado, sobre todo en los primeros intentos, posiblemente la primera vez nuestro resultado no sea satisfactorio al 100%, pero ¿y qué?, no pasa nada, ya saldrá mejor la próxima vez.

El sentido del humor a mí personalmente me parece esencial, sería genial que fuésemos capaces de pensar en consecuencias cómicas de nuestras conductas, imaginar algo divertido y podernos reír de ello. Si esto no nos es posible de momento, y tenemos que enfrentarnos con una persona que nos produce un temor especial, nos puede ayudar imaginarla disfrazada de una forma que nos resulte cómica (imaginarnos a nuestro vecino antipático o a nuestro malhumorado jefe disfrazados de ¿cavernícolas?, ¿dinosaurios?, ¿de ratones?, podría ayudarnos, por ejemplo, ¡ja!, ¡ja!). Recurrir al sentido del humor nos puede sacar de más de un apuro, además reír relaja los músculos y por lo tanto a nosotros, y unas buenas carcajadas pueden hacernos sentir realmente bien (gracias sobre todo a las endorfinas que segrega nuestro organismo).

En algunos casos, si fuera necesario, sobre todo al principio, podemos buscar la compañía de alguien que nos dé confianza y tranquilidad. En cualquier caso inténtalo, si estás pensando que puede salir mal, y resulta que sale mal, no pasa nada, lo vuelves a intentar, pero… ¿y si sale bien?, ¿te imaginas?

 


El Baile de San Antonio de la Florida-Goya

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