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Archive for 30 mayo 2010


Ramo de flores en un florero. Jan Frans Eliaerts

La llegada de la primavera, al igual que cualquier cambio de estación, supone también un cambio en nuestras vidas, una adaptación.

En cuanto a nuestro estado de ánimo, éste también se ve afectado en mayor o menor medida dependiendo de las personas. Algunas notan la llamada “depresión primaveral”, de repente se sienten más cansadas (en algunos casos puede afectar la bajada de tensión arterial consecuencia de la subida de temperaturas), y sin ganas de hacer cosas. Otras, por el contrario (es mi caso) nos sentimos renacer al igual que la naturaleza. La alegría de los colores primaverales parece contagiarnos,  y la vitalidad que transmite el surgimiento de nueva vida en nuestro entorno de alguna manera la sentimos también nosotros/as.

Siguiendo la psicología cognitiva, hemos de tener en cuenta que nuestro estado de ánimo se ve afectado por varios factores interrelacionados. . Pensamientos , emociones, sensaciones, conductas y acontemientos se relacionan entre sí provocando cambios en todos los factores. Lo que pensemos en relación a un acontecimiento afectará a nuestras emociones, a cómo nos sentimos ante el hecho, y esto repercute sobre nuestras conductas. Por ello, un mismo acontecimiento para una persona puede resultar un verdadero desastre y sin embargo para otra, que lo percibe de diferente manera porque lo analiza de diferente forma,  puede suponer simplemente un mero contratiempo.

Lo que sí es cierto, independientemente de que la primavera la sintamos de forma positiva o negativa, es que la realización de actividades que nos resulten placenteras siempre mejorará  nuestro estado de ánimo. Intentemos por lo tanto, y dentro de nuestras posibilidades, hacer aquello que nos gusta,  frecuentemos la compañía de personas que nos hacen sentir bien, y, salvo que suframos de alergia, aprovechemos el buen tiempo para pasear por el campo, para alejarnos del ruido y las multitudes y disfrutar del silencio que nos ofrece la naturaleza tan sólo roto por el canto de los pájaros o el susurrar de las hojas de los árboles. Si carca  transcurre un río, dejémonos arrastrar por el sonido del agua, siempre resulta muy relajante, y si tenemos la suerte de vivir cerca del mar, un paseo escuchando sus olas puede renovarnos. En caso de no poder salir de la ciudad, acudamos a un parque o a una plaza con árboles y si hay una fuente, sentémonos cerca y simplemente disfrutemos del momento.

En todo caso, también, intentemos ver lo que nos sucede desde otro punto de vista, intentemos afrontar los acontecimientos de la forma más positiva posible, en ocasiones, pequeños problemillas, pequeñas cosas que no nos salen bien nada más comenzar el día (hemos perdido el autobús, ¡qué fastidio!, nos vertemos el café por encima, ¡horror!) o que nos incomodan, pueden suponer que no disfrutemos del resto del día. Eso es lo que hay que evitar. Si perdemos el autobús de la mañana y pensamos que el resto del día ya será un desastre, es posible que lo sea en realidad porque haremos por ello, sin embargo, si aprovechamos que hemos perdido el autobús para relajarnos y disfutar de esos minutos (el siguiente autobús va a llegar a su hora igualmente), observar lo que nos rodea, escuchar los sonidos que nos envuelven, observar a la gente (¿cómo serán sus vidas?) y pensar que tenemos muchas horas por delante para tener experiencias positivas, nos sentiremos mucho mejor en ese momento y en el resto del día. En ocasiones esos minutos libres nos ofrecen también la posibilidad de hacer algún plan (¿quizá idear el viaje de vacaciones o de un fin de semana?), de ver un problema que tenemos de modo diferente y poder solucionarlo, o podemos dar un repaso a la reunión que tenemos pendiente, a los apuntes para un examen, o seguir con la lectura del libro tan interesante que estamos leyendo. Los móviles nos proporcionan también la posibilidad de hacer la llamada a esa amiga con la que hace tiempo que no hablamos porque no encontramos el momento para ello, ¿qué mejor ocasión que entonces?, quizá ya podamos quedar para tomar un café en una terracita disfrutando de la llegada de la primavera.

Se trata, por lo tanto, de ver los acontecimientos negativos de un modo más positivo modificando nuestras reacciones y conductas con respecto a ellos, y de realizar todas aquellas actividades que nos resulten placenteras y que el largo inviernos nos ha impedido disfrutar. Demos la bienvenida a la luz y al sol primaveral que sin duda mejorará nuestro estado de ánimo si éste es un tanto negativo, tenemos a nuestra disposición una “terapia de luz” totalmente natural, aprovechémosla.


Nenúfares. Claude Monet

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