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Archive for 13 marzo 2010

No hay rosas sin espinas. Carl Spitzweg

Cuando yo era niña, los matrimonios duraban toda la vida, felices o no. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, son otros tiempos, otra manera de vivir. Ahora se inician muchas relaciones ya superados los 40. Es un amor diferente, es el amor de personas maduras, de mujeres y hombres con experiencia, con heridas emocionales, con un pasado que ha dejado su peso, su marca.

Todos los comienzos son difíciles, y todos los cambios, y está el miedo, el miedo a un nuevo fracaso, a la decepción, al engaño, a equivocarse, ¡a tantas cosas…! Pero hay que ser valientes porque el amor, cuando es de verdad, merece la pena.

Cuando una relación fracasa con frecuencia el mundo se viene abajo, y más cuando se ha estado juntos muchos años. De repente la soledad se nos cae encima e incluso no sabemos cómo vivir sin el otro. ¿Cómo comportarnos?, ¿qué hacer con los hijos?, ¿cómo seguir relacionándonos con la que ha sido nuestra pareja?, ¿qué hacer con las respectivas familias?, ¿y los amigos?, en resumen, ¿cómo vivir?, toca empezar de nuevo.

A partir del momento de la ruptura se dan diversos comportamientos. Hay personas que quieren recuperar el tiempo que consideran perdido e inician un maratón de actividades y de relaciones. Otras por el contrario rehuyen toda relación social. Como en casi todo, lo mejor es un término medio, aunque suele ser recomendable un periodo de reflexión, de soledad. Es bueno aprender primero a vivir solos antes de intentar vivir nuevamente en compañía, hay que perder el miedo a la soledad, y un tiempo solos nos ayudará a saber qué queremos, qué nos gusta realmente hacer (¿queremos seguir jugando al tenis o lo hacíamos por nuestra pareja?, ¿disfrutamos saliendo a correr?, ¿nos gustan las películas de ciencia ficción?), qué necesitamos en nuestras vidas, con qué personas queremos estar, cómo nos gusta vivir. Así cuando llegue una persona que despierte nuestro interés, sabremos si compartimos gustos, si sus defectos nos resultan insoportables o tolerables, en resumidas cuentas, sabremos si esa persona es la que queremos que esté a nuestro lado.

A veces se tiene miedo a iniciar una nueva relación, ese miedo es muy normal cuando se acaba de tener una ruptura y es beneficioso porque nos impide cometer errores, lanzarnos a relaciones equivocadas, el miedo nos está diciendo que aún no estamos preparados. Pero de repente un día, nos sentimos de nuevo con ilusión, con ganas de tener pareja, con ganas de amar y ser amados. Y, si tenemos suerte, llegará nuevamente el amor a nuestras vidas.

Será un amor maduro, un amor con pasión, pero también con calma, un amor con emociones y también con serenidad. Es el amor cuando ya sabemos cómo somos, lo que queremos y no queremos, en lo que estamos dispuestos a ceder y en lo que no, a lo que podemos renunciar y a lo que no, lo que es indispensable para nosotros y de lo que podemos prescindir. Es un amor por lo tanto también con sentido común, porque ya no somos unos niños, y es un amor basado en nuestra experiencia. La relación amorosa será muy rica ya que nos aporta todos nuestros conocimientos, nuestras vivencias, nuestros recuerdos, ¡se puede aprender tanto…! Es verdad que también puede haber problemas, hijos que no aceptan la nueva relación, ex-parejas conflictivas… pero contamos con nuestra madurez y con esa sabiduría que dan los años para hacerles frente.

Eso sí, antes que nada hemos de asegurarnos de que el nuevo amor nos enriquece, mejora nuestras vidas, las hace más fáciles, asegurarnos en resumidas cuentas de que ese nuevo amor nos hace bien.


¡Qué libertad! Ilya Repin

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