Adoración de los Pastores. Guido Reni
La Navidad es una época en la que todo se desborda, no hablamos ya de cuestiones económicas, que también, sino de emociones y sentimientos. Afectos, odios, resentimientos, alegría, tristeza, dolor, entusiasmo, amor… todo se exalta, se engrandece.
Estamos viendo cómo en estos días, lamentablemente, está habiendo numerosos casos de violencia de género, también muchas familias tienen fuertes discusiones. Afortunadamente no todo es negativo, en estos días se producen reencuentros, presentaciones de parejas a la familia… También pasan buenas cosas.
En cualquier caso, y volviendo a la violencia de género, creo que debería intentarse no tomar decisiones importantes en estas fechas. No es el mejor momento para separarse o pedir la separación, o solicitar la custodia… en fin, no es la mejor época para tomar decisiones en las que hay tantos sentimientos implicados y tantas personas afectadas. El reciente caso de un padre en Denia que ha matado a su hijo de cuatro años para después suicidarse me ha hecho preguntarme unas cuantas cosas: ¿este padre habría obrado igual de no estar cercanas unas fechas tan familiares?, ¿había habido maltrato a la madre anterior?, ¿hasta qué punto se debe consentir que se aleje a un hijo de uno de sus progenitores?, ¿no deberían primar los derechos del niño? La respuesta a las dos últimas preguntas la tengo bastante clara: salvo en los casos en los que haya habido una violencia previa, los dos progenitores deberían tener derecho a estar con sus hijos porque, y esto es lo más importante, los hijos tienen derecho a estar con sus dos padres. Una separación de pareja es eso, separación de dos personas que han sido pareja y no debería implicar la separación de ningún progenitor de sus hijos. Ni es justo para el padre o la madre ni mucho menos es justo para los hijos, siempre deberían primar sus derechos (hablo en general, casos de maltrato aparte y que deben evaluarse de forma muy individualizada y consideración especial).
La Navidad es una época familiar, una época en la que las personas adultas tenemos ya acumulados muchos recuerdos asociados con la familia, y también son fechas en las que echamos más de menos, si cabe, a los seres queridos que ya no están. Intentemos no aumentar las penas, los malos recuerdos, no abandonemos el hogar, no anunciemos una separación, no digamos que vamos a dejar de estudiar… en fin, tengamos en lo posible consideración con los demás y no aumentemos el disgusto o el dolor. A todos se nos quedan grabadas las fechas de las malas noticias, de los disgustos, de un gran dolor… pero si esa fecha coincide con la Navidad… entonces ese recuerdo se manifestará con mayor fuerza cada año, siempre recordaremos esa nefasta Navidad en la que pasó tal cosa o tal otra, en la nuestra vida se vino abajo. Y en estas fechas, recordemos, todo se desborda, nuestras emociones son si cabe más intensas, todo lo vivimos con mayor pasión. Esperemos por lo tanto a que pase para plantear una separación, dejar a la pareja (salvo casos de maltrato, por supuesto), irnos a vivir lejos de la familia o anunciarlo, en fin, para tomar cualquier decisión que sabemos puede causar daño a los demás. Esperemos.











Es cierto EFIRA que la Navidad es una época peligrosa donde los sentimientos se “atropellan”. Hay un exceso de ellos: en los anuncios, en las películas que ponen durante estos días llenas de buenos sentimientos, en los deseos y felicitaciones…Es un exceso. Y en contraste, todo lo malo parece doblemente malo. Verdaderos sentimientos y sentimientos comercialmente interesados. Es una época para mucha gente triste: no tener a los que ya marcharon, a los que no pueden estar porque viven lejos, no poder tener todo lo que nos ofrecen en la TV,…Es la fiesta del consumo, para la mayor parte de la gente, la fiesta de lo imposible para otros, la fiesta de la ilusión para los que todavía sueñan, generalmente los niños.
Por sí, me temo que hemos perdido muchos valores, que la sociedad en general los ha perdido. Pero bueno, aún hay momentos, situaciones, personas, que nos provocan una sonrisa tierna como los miembros de la “Fundación Theodora” o los de la “Fundación Dr. Sonrisa”, payasos de hospital que alivian el sufrimiento de muchos niños ingresados. Los estuve viendo el otro día en la televisión, ellos, y mucha gente que forma parte de asociaciones que ayudan a personas necesitadas en su día a día (y no sólo en estos días), renuevan mi fe en la humanidad.
Mantengamos también los adultos la ilusión por un mundo mejor.
Muchas gracias por tu comentario Juanat.
Felices Fiestas Efira.
Gracias, Juanat, seguiré visitando tu Blog, siempre interesante. Felices Fiestas para ti también.